PESO, DÓLAR O BIMONETARISMO: MANOS A LA OBRA EN MATERIA CONTABLE E IMPOSITIVA

La transición para el nuevo gobierno ya inició y se comenzó a delinear lo que será la nueva gestión, con algunas definiciones sobre los primeros movimientos en materia económica, y mientras se termina de armar el futuro gabinete. 

Realizar un análisis de ello resultaría además de apresurado, redundante. Por lo tanto, a continuación focalizaremos en los efectos y consecuencias que el reemplazo del peso por una moneda extranjera o la coexistencia en una economía bimonetaria, tendrían en las leyes tributarias. 

El por qué realizaremos tal aborde, gira en torno a que esa ha sido una de las propuestas del gobierno electo, y para poder avizorar sus efectos en el sistema tributario deberemos introducir algunos supuestos, de modo de tener una base de análisis firme. 

Más allá de que se requeriría de una reforma mucho más amplia, haremos hincapié en lo que tiene que ver con el Impuesto a las Ganancias. 

La alternativa que se posiciona como la más probable es la de reemplazar como moneda de curso legal al peso por otra moneda extranjera, en este caso el dólar de Estados Unidos, y contabilizar las operaciones también en esa moneda. 

Nuestra vigente Ley de Impuesto a las Ganancias tiene dos normas específicas al respecto: 

Art. 34: “(…) todos los bienes introducidos en el país o dados o recibidos en pago, sin que exista un precio cierto en moneda Argentina, deben ser valuados en pesos a la fecha de su recepción en pago salvo disposición especial de esta ley”. 

Art. 72: Rentas de la tercera categoría. Establece que, a diferencia del punto anterior, las operaciones en moneda extranjera deberán contabilizarse con un sistema uniforme y se deberán emplear los tipos de cambio que fije la reglamentación para cada clase de operaciones. Además específicamente dispone que las diferencias de cambio se determinarán de dos formas:  

a) Por la revaluación anual de saldos impagos, y; 

b) cuando se pague o cobre, por la diferencia entre el importe de dicho cobro o pago y la última valuación. 

Si directamente se reemplaza el peso por el dólar y se define la obligatoriedad de contabilizar las operaciones en dólares, en el artículo 34 debería cambiarse la mención de “pesos” a “dólares estadounidenses”.  

Por otro lado, en el artículo 72 debería mencionarse que las operaciones a que se refiere son aquellas que no fuesen realizadas en dólares. 

Además deberían adecuarse otras normas de esta ley, en especial las relativas al ajuste por inflación y a la obtención de ganancias de fuente extranjera, su forma y el momento de imputación. 

Seguramente deberán preverse una cantidad de situaciones para la transición que se producirá con el cambio de la moneda de curso legal, en especial cuando hechos nominados en pesos tengan efectos en momentos en que la moneda de curso legal sea el dólar. Sin conocer estas normas de transición, es utópico pretender analizar sus efectos tributarios, no obstante lo cual, es importante que se preste atención especial a esta situación. 

La otra alternativa consiste en otorgar curso legal a una moneda extranjera, tomamos al dólar como ejemplo, manteniendo el curso legal del peso. Entonces a partir de allí deberá decidirse si la contabilidad fiscal se lleva en una de ambas monedas o es bimonetaria. 

De ser así, se trata de un sistema contable utilizado en economías que involucran dos o más monedas, que tiene por objeto registrar las transacciones y presentar la información financiera en ambas monedas. 

Como las operaciones deben registrarse en las dos monedas, se requiere una política de tipos de cambio que se mantenga durante el tiempo, para no generar diferencias irreales. Por ejemplo, nuestro país podría utilizar los tipos de cambio de una entidad oficial, de modo de no registrar otros resultados diferentes que los propios de la flotación de la relación de cambio. Así, podrían realizarse las conversiones en cada cierre diario o con otra periodicidad. 

Otra cuestión que seguramente será muy importante definir es la moneda de cuenta que se utilizará para la contabilidad fiscal, la que por razones de simplicidad debería ser una sola, aunque haya dos especies de moneda con curso legal o forzoso. Esto simplificaría las liquidaciones, pero no eliminaría todas las dificultades. 

Volviendo a la existencia de dos monedas de curso legal, se van a producir resultados cada vez que se cambie de una a otra y, si se supone que las registraciones contables se realizan en pesos o en dólares, las va a haber en cada cobro y en cada pago cuando la moneda de facturación sea diferente de la moneda de cobro o cuando varíe el tipo de cambio. 

Este tipo de diferencias hoy también se da en la realidad cuando, por ejemplo, se factura en dólares y se cobra en pesos, porque lo que se compró se valúa al tipo de cambio de ese momento, mientras que cuando se pague se computará al tipo de cambio allí vigente; además, aun cuando se trate de operaciones al contado, siempre va a estar jugando también la diferencia entre el tipo de cambio comprador y vendedor. 

Por su parte, si la contabilidad se lleva en dos monedas, los movimientos a considerar serán múltiples y se generarán diferencias de cambio en ambas monedas. 

En la actualidad, las diferencias de cambio están gravadas para las personas que liquidan su renta por la teoría del balance, mientras que quienes lo hacen por la teoría de las fuentes, lo están cuando existe habitualidad. Además, solamente forman parte del hecho imponible los casos específicamente previstos en las categorías, pero en la alternativa de que existan dos monedas, suponiendo que las diferencias entre el comprador y vendedor también se consideren diferencia de cambio, esta situación va a ocurrir en muchísimas más operaciones, por lo cual deberá plantearse en cuáles casos esas diferencias de cambio están gravadas para los sujetos que liquidan por la teoría de las fuentes. 

Al respecto, sería razonable solamente alcanzarlas cuando estén motivadas en una operación que, a su vez, produce renta gravada o quebranto computable, esto por aplicación de la teoría de la accesoriedad de la renta respecto de la fuente que la produce. 

Como conclusión, podemos ver que contable y sobre todo impositivamente la medida tendría un impacto sumamente considerable. Además, está a la vista que la incursión a la travesía debería traer consigo muy diversos cambios en los ámbitos del derecho comercial, civil, económico, cambiario y, en general, en la legislación de toda índole, en la que está basada hoy el curso legal exclusivo del peso. Obviamente que todo ello sin perjuicio de que algunos de estos cambios impliquen cuestiones constitucionales. 

FUENTE: ESTUDIO RIVAROSSA Y ASOC.

ver adjunto
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